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EL PRINCIPIO
El bosque había dado vida a uniones impensables. La promiscuidad era la regla de la convivencia, pero aún no se había convertido en un formato, y nadie había marcado en qué año se estaba, porque los números arábigos todavía no habían llegado.
Esta criatura magnífica, que se movía como un felino, no tenía nombre: solo elegancia, y un paso suave, acolchado. No tenía una postura fija, solo estilo; ni una manera de ser, solo clase. Y cuando caminaba, fuera cual fuera la distancia, desprendía un aroma que atraía a todas las especies. Las fragancias de Giorgio Armani aún no estaban a la venta: la suya nacía de sus propias hormonas indefinibles, como una verdadera orquesta que reclama lo que se le debe, pero sin instrumentos.
Quien intentaba acercarse a ella, para cobrar una cuenta que llegaba sin recibo, creía querer ser el primero, sin saber que ella elegiría solo al último, con la esperanza de que fuera el que se quedara.
Todo lo que no se ve no se cuenta, y sin embargo la gente nunca deja de reclamarlo: lo llaman noir, o ficción, algo sin memoria y sin conexión. Todo lo que nadie espera, en cambio, vive siempre dentro de una fantasía, una expectativa, el recuerdo de otro, una acción posible, y solo se muestra a través de la palabra.
Esta es la tarea a la que aspira este sitio. Lo intentará, sabiendo que no es el primero ni el mejor: solo el alumno de la penúltima fila, y nunca de la última.
Ferdinando
Ella todavía no ha elegido.
